Gasto Social
Reforma vaticana, palos de ciego
César Peña *
cesarpesa@hotmail.com,
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Aunque a muchos les está
gustando y a otros no tanto, los cambios emprendidos por Jorge Mario Bergoglio
para reformar a la Iglesia Católica, lo cierto es que exista una constante en
cada paso que da el Papa a través de sus diferentes canales: no tiene la menor
idea de a dónde quiere llevar el barco.
Lo anterior lo digo no de forma llana y simplista,
sino que se debe revisar el contexto en que se da cada nueva acción propuesta
desde el Vaticano. La primera de ellas y la más importante, es que tales
medidas se están instrumentando a partir de la crisis que dio por resultado una
salida anticipada y inédita de un Papa (Benedicto XVI), condena a varios
delitos como la pederastia y el lavado de dinero, que tiene como objeto que los
fieles regresen al redil, es decir, existe una intención mercantilista y no un
arrepentimiento real.
Al romperse los pronósticos de las previsiones de que
en el 2010 tendrán cerca de 2 mil millones de fieles y sólo llegaron a mil 200
millones, se encendieron los focos de alerta en ese culto, que rápidamente vio
algo que en 2 mil años se había negado a reconocer: la pérdida gradual de
credibilidad por sus arcaicos dogmas, sus enseñanzas medievales y su
alejamiento total del amor que profetizó su líder.
Este espíritu mercantilista, de que regresen los que
se han ido, como lo ha esbozado en diversas ocasiones el Papa Francisco, queda
plasmada en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, emitida el pasado 26
de noviembre en que postula volver a las raíces, a todo eso que la Iglesia
olvidó, pero sólo para ir por aquellas ovejas que se salieron al concentrar
desinterés, apatía y hasta agresiones de parte de sus sacerdotes y jerarcas.
En este mismo documento, se corrobora que además de
las reformas emprendidas como la Ley Vaticana para sancionar a los padres
pederastas y depurar las instituciones bancarias que dependen de este culto que
buscan con ello, despejar dudas sobre los escándalos de lavado de dinero, la
Iglesia dice estar abierta “a cualquier planteamiento de la sociedad” para
mejorar su situación, es decir, no hay un mapa de navegación definido.
Lo peor del caso es que más allá de que el
catolicismo está trabajando por ensayo-error como lo había dicho anteriormente,
sigue sin tocar los verdaderos problemas que subsisten en el interior y sólo se
ha limitado a resolver los problemas más superficiales. Si le hacemos caso al
ex teólogo Salvador Freixedo, el problema de la agonía del catolicismo y del
cristianismo en general, esté en realidad en sus entrañas y no en la piel.
Efectivamente, 2 mil años de lo mismo le quitaron la
capacidad de pensar y de razonar de todo lo bueno y malo que ha hecho –mucho
más de lo malo por desgracia-, y es incapaz de ver su responsabilidad en la
muerte de cerca de seis millones de personas a lo largo de su historia, casi la
misma cantidad de judíos aniquilados por el régimen criminal de Hitler y que no
le merecen ni siquiera unas cuantas palabras de dolor y arrepentimiento.
No siente la menor responsabilidad de haber
perseguido a miles de personas durante la instauración del Santo Oficio y
quemar a cientos de ellas en la hoguera. Para el catolicismo, estas víctimas no
existen o no han existido, han sido invisibles y hasta la fecha ni Bergoglio ni
nadie ha sido para dedicarle siquiera una mención en las homilías dominicales
en las que se cobra por citar el nombre de quienes han muerto. La razón: nadie ha pagado para recordarlos y una iglesia que vive de
rentas no tiene conciencia ni tiempo
para dedicarles siquiera unas frases.
Esto que no es algo remotamente insignificante pues
forma parte de una historia sangrienta y negra que el catolicismo no quiere
reconocer, es parte de la actitud de renovación que nos hacen ver que hay
mayores cambios que los necesarios para salir al paso y superar así esta
crisis.
De qué sirve
empujar una pastoral diferente, de aparentar limpiar la casa desde adentro, de dejar
atrás el “complejo de príncipe” de la curia y otros tantos desplantes si no se
tocan las fibras reales de esta Iglesia, que sigue supurando olor a dinero y
tantos crímenes reales y de conciencia de los que no se arrepiente.
Estamos ante una etapa en que los mejoralitos pueden
postergarse por muchos años para ayudar al enfermo cuando lo que se requiere es
una cirugía mayor, aunque claro, eso implica la desaparición del catolicismo,
pero que es necesario si cuando lo que pregona es la humildad, la verdad y el amor sobre cualquier otra
cosa.
Cuentas claras: El caos que se vive en Michoacán por la presencia
del crimen organizado ha permeado en la PGR que dirige Jesús Murillo Karam, que
en vez de asegurar que se frenará al narcotráfico, asegura que se hará… con las
guardias comunitarias, cómo si estas últimas fueran las peligrosas para la
sociedad cuando sólo han sido una respuesta para defenderse ante la omisión y complicidad de las autoridades
con los primeros como se ha visto y señalado consistentemente.
* Periodista, investigador y economista



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