La Reforma
Fiscal y la hermana, la energética, tenían que darse simultáneamente, no podían
excluirse, postergar una y menos cancelarse debido a lo que representan como
parte del todo gubernamental del proyecto para no dejar al país sin ingresos
hacendarios ya que pondrían en jaque el gasto público y en resio riesgo los
programas del paternalista sistema que sigue sirviendo para perpetuar la
pobreza y no para terminarla.
Al abrir la inversión externa en
el sector energético, Pemex dejará de aportar a las arcas la suma de 90 mil
millones de pesos. Esta cifra no podía ser sacada de ningún otro lugar más que
ampliando la base fiscal y como tal, fueron incluidas las iglesias, el comercio
informal en el cual subsisten cerca de 25 millones de mexicanos y todos
aquellos contribuyentes que estaban cautivos.
Con la Iglesia, un sector por
siempre privilegiado, exentado toda la vida de pagar impuestos, donde los curas
hacen todo tipo de manejo discrecional para tener una vida cómoda, ya se le
estaba haciendo tarde al Estado Mexicano para meterlos en cintura, aún cuando
la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público de 1997, ya contemplaba la
obligación de aportar a la hacienda pública cuya reglamentación fue, sin duda,
letra muerta.
Cobrarles impuestos a los
cultos, pedirles cuentas de las limosnas es simplemente un acto de justicia
contra quienes han creído no sólo en los paraísos terrenales, sino, en los fiscales
existentes en México. Ahora falta ver si las autoridades tienen la capacidad de
realmente poder fiscalizar todos los recursos que llegan a cada religión y que
sirven para que los ministros y líderes religiosos sean una casta sumamente
rica en medio del pueblo pobre que les financia todas sus aventuras. La
Católica, es de las más ricas, pues todavía se da el lujo de enviar 350
millones de pesos semestralmente a su “matriz”, el Vaticano.
Sin embargo, poner el pie en el
cuello de millones de mexicanos con menores ingresos, cuidando con lupa sus
ingresos para que paguen lo correspondiente al IVA e ISR, sólo causará mayores
presiones, siendo el único lugar del cual puede salir esta enorme diferencia.
Esta urgencia por recursos, sin embargo, viene aparejada como sabemos, con la
enorme tolerancia y hasta el trato especial que reciben algunas empresas como
Televisa y varias más, para quienes funciona un régimen de excepción que
perdona no pagar 3 mil millones de pesos de impuestos.
Cualquier contribuyente que
adeude 5 mil pesos a la SHyCP o que no pueda comprobar movimientos bancarios
por cifras realmente pírricas, puede estar en la lista de los morosos y ser
objeto de medidas precautorias y hasta embargos, mientras los grandes magnates
pueden simplemente pagar lo que quieran y además, hacer uso de una cláusula de
“impuestos diferidos”, que les tolera hacerlo cuando quieran.
Contrariamente no hemos visto
que haya planes para reactivar la economía. Las micro y pequeñas empresas, que
dan ocupación al 70 de la PEA, apenas y sobreviven. El crédito es escaso, no
hay fomento real ni programas para apoyarlo, por lo que su subsistencia es
azarosa mientras que son las grandes firmas las que acaparan todo, pese a que
tienen una porción muy pobre del mercado laboral.
Necesitamos, a la fecha, una
Reforma Económica que atienda este problema, porque si bien llegarán nuevas
firmas como Exxon, Chevron, Repsol y varias más, los impuestos los pueden
pagar… en sus lugares de origen, sin dejar nada en México, salvo escasas
ocupaciones generadas, una cuestionada derrama económica o con sus debidas
dudas, la posibilidad que los precios de los combustibles bajen debido a la
competencia.
Cuentas claras:Lo que hizo
Francisco Sinhué Ramírez Oviedo con el Partido Nueva Alianza, sólo puede ser
considerada una acción de dementes: desarticuló toda la estructura del partido
y sobre todo, creó un abismo con líderes de muchas regiones, quienes le habían
dado una buena votación al partido del que seguramente será expulsado ahora que
deje la dirigencia del SNTE.
* Periodista, investigador y economista



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